NIÑEZ E HIPERSEXUALIDAD

 

NIÑEZ E HIPERSEXUALIDAD

Como padre de cuatro niñas, y docente de cientos de niños y adolescentes, he observado con preocupación el nivel de exposición y exceso de información con el que son bombardeados constantemente con temas sexuales nuestros niños a través de la música, de los video juegos, de internet, de los muñequitos o dibujos animados y otros medios.

Para entender el tema que traigo a colación, definiremos según organismos internacionales ambos conceptos.

 Según la ONU , se define como niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad.  

De acuerdo con Wilkipedia se enfoca su definición desde diversos aspectos como la evolución psicoafectiva en la cual se entiende por niño aquella persona que aún no ha alcanzado un grado de madurez suficiente para tener autonomía.

Por otro lado, para enlazar el tema se conoce como hipersexualidad según el concepto de la OMS se define como Impulso sexual excesivo. Es decir, un aumento excesivo en la actividad sexual de una persona conllevando consecuencias negativas sociales, emocionales y físicas, como dejar de disfrutar del sexo para obsesionarse con la cantidad de los encuentros sexuales. En otras palabras: adicción al sexo.

La sexualización consiste, según un informe del Parlamento Europeo, en un enfoque instrumental de la persona mediante la percepción de la misma como objeto sexual al margen de su dignidad y sus aspectos personales. “La sexualización supone también la imposición de una sexualidad adulta a los niños, que no están ni emocional, ni psicológica, ni físicamente preparados para ello”

 

Una vez conocido estos conceptos, en mi opinión personal, la cual comparto con la comunidad de lectores del Observador, esto supone una influencia por demás negativa para nuestros hijos, y una irrupción abusiva por parte de los empresas y organismos que promueven estos contenidos en su afán de acrecentar sus millonarias cuentas bancarias.

Esta influencia negativa afecta la autoestima de nuestros hijos, puede llevar a trastornos alimenticios, afecta de manera considerable el desarrollo de los niños, generando una autobjetualizacion, generando conductas agresivas, degrada el valor de la mujer, incrementa los índices de violencia contra la mujer, y refuerza las actitudes y opiniones sexistas que terminan afectando la aceptación laboral, acosos sexuales e infravaloración de los logros de la mujer.

Las estadísticas generales que se presentan año tras año, como el embarazo en la adolescencia, los homicidios a las mujeres, la discriminación laboral, sustenta con bastante peso esta hipótesis.

Al final como padres solo nos queda ser cuidadosos con el tipo de estímulo al que exponemos a los niños y qué tipo de mensaje estamos enviando, pues la vestimenta y la música son dos de los ejemplos más comunes y de los que muchos se han habituado, lo consideran de lo más normal e incluso la promueven libremente. Cuidemos el desarrollo de nuestros niños, dejemos que los niños sean niños y vivan cada etapa como corresponde.

 

 

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