Cuando la desigualdad cansa: un llamado a la inclusión en las políticas económicas
Cuando la desigualdad cansa: un llamado a la inclusión en
las políticas económicas
Este artículo es un llamado urgente a la conciencia de
quienes han dirigido las políticas económicas de nuestro país en las últimas
tres décadas. También es una invitación a la ciudadanía a abrir los ojos ante
una realidad que nos golpea día tras día: el crecimiento económico sostenido de
la República Dominicana no ha sido sinónimo de inclusión ni de bienestar para
todos.
Durante más de 30 años, se ha celebrado el aumento del
Producto Interno Bruto (PIB) como un signo de progreso. Y sí, los números
impresionan: según datos del Banco Mundial, el PIB per cápita pasó de 2,141
dólares en 1995 a 11,372 dólares en 2023, un crecimiento de más del 430%.
Esto debería representar una mejora notable en la calidad de vida de la
población. En un hogar promedio de 4 personas, el ingreso anual habría pasado
de 8,564 dólares a cerca de 45,488 dólares.
Sin embargo, para miles de familias dominicanas, esa bonanza
económica no se ha traducido en alimentos suficientes, viviendas dignas,
oportunidades educativas o acceso a servicios básicos. La realidad del día a
día contrasta con los informes optimistas. ¿De qué sirve el crecimiento si no
toca la puerta de quienes más lo necesitan?
Entendamos los conceptos
Para comprender mejor este artículo, es importante
familiarizarnos con algunos términos clave:
Políticas Económicas: Son las decisiones y acciones
que toma el gobierno para manejar la economía del país. Incluyen cómo se
recaudan los impuestos, cómo se gasta el dinero público y qué prioridades se
establecen. Afectan directamente nuestro empleo, nuestros salarios y nuestro
acceso a servicios.
Desigualdad Social: Es la distribución injusta de
recursos y oportunidades. En nuestro país, se refleja en barrios marginados sin
servicios básicos, hospitales colapsados y niños que abandonan la escuela por
falta de recursos.
Movilidad Social: Es la posibilidad de mejorar
nuestra condición de vida respecto a la generación anterior. Una alta movilidad
indica que con esfuerzo se puede avanzar. Una baja movilidad —como la que
enfrentamos hoy— significa que, para muchos, el lugar donde nacieron determina
el lugar donde morirán.
Lo preocupante no es solo la desigualdad, sino la
resignación que empieza a instalarse. Durante años se nos ha dicho que “vamos
bien”, que “el crecimiento es sostenido”. Pero ¿para quién? ¿Dónde están los
beneficios para el agricultor, la madre soltera, el joven que no consigue
empleo, o el niño que camina kilómetros para llegar a la escuela?
Los datos promedios son engañosos. Detrás de cada cifra de
crecimiento hay una realidad que no se cuenta: miles de familias atrapadas en
un ciclo de pobreza que se hereda de generación en generación. Muchas viven
lejos de los centros urbanos, donde el desarrollo no llega, donde el transporte
es escaso, el agua potable un lujo y la electricidad intermitente.
Ya es tiempo de exigir que las políticas económicas dejen de
favorecer a los mismos sectores de siempre. No puede ser que las riquezas del
país sigan concentradas en manos de unos pocos, mientras la mayoría apenas
sobrevive. Los dominicanos y dominicanas tienen derecho a participar del
desarrollo, no solo a ser testigos de él.
Necesitamos una economía que ponga en el centro al ser
humano. Que se diseñe desde abajo hacia arriba. Que escuche al campo, a los
barrios, a los trabajadores informales, a los emprendedores sin capital. Es
responsabilidad del Estado —y de todos los gobiernos— garantizar que la riqueza
nacional se distribuya con equidad y justicia.
Este no es un simple reclamo. Es una llamada a la acción.
A la ciudadanía le corresponde también exigir rendición de cuentas. No basta
con votar cada cuatro años; es necesario participar, informarse y levantar la
voz cuando las políticas públicas excluyen a la mayoría.
La desigualdad cansa. Pero también indigna, moviliza y
empodera. Es hora de transformar esa indignación en propuestas, en demandas
ciudadanas, en organización social. Porque solo así lograremos una República
Dominicana donde el crecimiento no sea privilegio de unos pocos, sino el
derecho de todos.
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